the Southern Baptist Theological Seminary

Compendio de Principios

Cuando en 1858 se adoptó el acta constitutiva del Southern Baptist Theological Seminary, esta contenía la siguiente declaración que continúa siendo parte de las “leyes fundamentales”.

Cada profesor de la institución debe ser miembro de una iglesia Bautista, y todas las personas que aceptan el profesorado en el seminario serán considerados, por tal aceptación, como dispuestos a enseñar de acuerdo con, y no contraria a, el Compendio de Principios aquí presentado. Cualquier desviación de la persona de tales principios será considerado como campo para su renuncia o aun destitución por parte del consejo de administración, a saber:

I. Las Escrituras

Las Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento fueron dadas por inspiración Divina y representan la única y suficiente regla con autoridad para todos los asuntos de salvación, fe y obediencia.

II. Dios

Hay un solo Dios, Creador, Preservador y Gobernador de todas las cosas, teniendo en Sí mismo la perfección y siendo infinito en todo; y a Él todas las criaturas le deben el mayor amor, reverencia y obediencia.

III. La Trinidad

El Dios eterno y trino se revela a sí mismo como Padre, Hijo y Espíritu Santo, con distintos atributos personales, pero sin división de naturaleza, esencia o ser.

IV. Providencia

Desde la eternidad, Dios reina con cuidado providencial sobre todo su universo, sus criaturas y el fluir de la corriente humana de acuerdo a los propósitos de su gracia. Sin embargo, Dios de ninguna manera aprueba o es el autor de pecado ni destruye el libre albedrío o la responsabilidad de las criaturas inteligentes.

V. Elección

La elección es la selección eterna de Dios de algunas personas para vida eterna, no por méritos propios sino por Su misericordia, en Cristo, cuya consecuencia es que sean llamados, justificados y glorificados.

VI. La Caída del hombre

El hombre es la creación especial de Dios, hecho a su propia imagen. Por medio de la tentación de Satanás, el hombre transgredió el mandamiento de Dios, y cayó de su estado original de inocencia, por lo cual su posteridad heredó una naturaleza inclinada al pecado. Por tanto, tan pronto como son capaces de realizar una acción moral, cada persona se convierte en transgresor.

VII. El Mediador

Jesucristo, el unigénito Hijo de Dios, es el mediador divino entre Dios y el hombre. Tomando sobre sí mismo la naturaleza humana, pero sin pecado, Él cumplió la ley, y murió en la cruz para la salvación de los pecadores. Él fue enterrado y resucitó al tercer día, y ascendió al Padre y ahora está exaltado a la diestra de Dios donde intercede por Su pueblo. Él es el único Mediador, Profeta y Rey de la Iglesia, y es el Soberano del Universo.

 VIII. Regeneración

La Regeneración es un cambio de corazón, obrado por el Espíritu Santo, que despierta a aquellos muertos en delitos y pecados, iluminando su entendimiento de manera espiritual y salvífica, llevándolo a entender la Palabra de Dios y renovando su naturaleza completa, para ahora amar y practicar la santidad. Es una obra de Dios y es solo por gracia.

IX. Arrepentimiento

El arrepentimiento es una gracia evangélica en donde una persona, por medio del Espíritu Santo, es sensible a la maldad de su pecado, es humillado a causa del mismo, y con tristeza piadosa lo detesta y le repugna; con el objetivo y empeño de caminar delante de Dios agradándole en todas las cosas.

X. Fe

La fe salvadora es la creencia en la autoridad de Dios de lo que se encuentra revelado en Su Palabra con respecto a Cristo; aceptando y descansando solamente en Él para justificación y vida eterna. Es originada en el corazón por medio del Espíritu Santo, y está acompañada por las demás gracias salvadoras, llevando a una vida de santidad.

XI. Justificación

Es la obra de gracia de Dios en la absolución completa de los pecadores que creen en Cristo, no por nada que estos hayan hecho, sino por la obediencia y satisfacción de Cristo. Se recibe al descansar en Él y Su justicia por fe.

XII. Santificación

Aquellos que han sido regenerados son también santificados por la Palabra de Dios y la morada del Espíritu en su interior. Esta santificación es progresiva por el suministro de poder divino, que todos los santos anhelan, procurando una vida celestial en obediencia a todas las ordenanzas del Señor Jesús.

XIII. Perseverancia de los Santos

Aquellos a quienes Dios ha aceptado en Cristo y santificado por su Espíritu jamás caerán del estado de gracia, sino que perseverarán hasta el fin. Los creyentes pueden caer en pecado por negligencia y tentación, contristando al Espíritu, menoscaban sus virtudes y su bienestar, y traen reproche a la causa de Cristo y juicios temporales sobre sí mismos; sin embargo, ellos serán guardados por el poder de Dios mediante la fe para salvación.

XIV. La Iglesia

El Señor Jesús es la cabeza de la Iglesia, compuesta de sus discípulos verdaderos, y en Él está investido todo el poder para su gobierno. De acuerdo a Su mandato, los cristianos deben congregarse en comunidades particulares o iglesias; y a cada una de estas iglesias les ha otorgado la autoridad necesaria para administrar orden, disciplina y la adoración que Él ha ordenado. Los oficiales de la iglesia son Obispos o Ancianos, y Diáconos.

XV. Bautismo

El Bautismo es una ordenanza del Señor Jesús, obligatorio para cada creyente, donde él es sumergido en agua en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo, simbolizando la unión del creyente con la muerte y resurrección de Cristo, el perdón de pecados, y su entrega a Dios, para andar en novedad de vida. Es un requisito que precede al privilegio de ser miembro de la iglesia y el participar en la Santa Cena.

XVI. La Santa Cena

La Santa Cena es una ordenanza del Señor, a ser administrada con los elementos de pan y vino, y a ser observada por Su Iglesia hasta el fin del mundo. De ninguna manera es un sacrificio, pero está designada para conmemorar la muerte del Redentor, para confirmar la fe y otras gracias de los cristianos, y para ser un vínculo, un compromiso y una renovación de su comunión con Cristo y de su compañerismo con la Iglesia.

XVII. El Día del Señor

El Día del Señor es una institución cristiana que se debe observar regularmente, y debe incluir ejercicios de adoración y devoción espiritual, tanto públicos como privados, descansando de las actividades y entretenimiento de este mundo, a excepción de las obras de necesidad y misericordia.

XVIII. Libertad de conciencia

Solamente Dios es Señor de la conciencia, y Él la ha dejado libre de las doctrinas y de los mandamientos de hombres que son contrarios a su Palabra o no contenidos en ella. Como el gobierno civil es ordenado por Dios, es deber de los cristianos rendirle obediencia leal en todas las cosas que no son contrarias a la voluntad revelada de Dios, no solo por la ira, sino por mantener una conciencia limpia.

XIX. La Resurrección

Después de la muerte, los cuerpos de los hombres volverán al polvo, pero sus espíritus volverán inmediatamente a Dios: los justos para descansar con Él; a los perversos, les es reservada la oscuridad hasta el juicio. En el día final, los cuerpos de todos los muertos, justos e injustos, serán levantados.

XX. El Juicio

Dios ha designado un día donde Él juzgará a todos los hombres por Cristo Jesús. Cada cual recibirá de acuerdo a sus obras: los injustos irán al juicio eterno, los justos, a vida eterna.

That the man of God may be perfect, throughly furnished unto all good works.